No sin mi tapa

La tapa de los bares cuenta con una gran historia que contar. Como no podía ser de otra manera, en toda gran historia que se precie, existen una gran serie de leyendas y diferentes atribuciones al origen de las mismas.

En este sentido, nos podemos encontrar historias como que la tapa era una especie de posavasos que se colocaba encima de las copas y se adornaba en su parte superior con algo de comida, cuya finalidad era evitar la entrada de polvo y bichos y así mantener la calidad de la bebida intacta y otras más ocurrentes en donde la tapa en cuestión no era un posavasos si no una rodaja grande de embutido que contaba con la misma finalidad.

La gran historia detrás de las tapas

Y, por otro lado, nos encontramos con otras acepciones, registradas a principio del siglo XX en donde el periodista Juan Ferragut definía a la tapa como un modo distraído de comer sin que uno se diera cuenta.

Sea como fuere, la tradición de las tapas difiere bastante del concepto original que presumiblemente tuvieron. Sin embargo, una de las principales características de la tapa, es que debe de ser gratis y por supuesto, debe de ser comestible, ya que, a pesar de sus inicios poco claros, se coincide en que, la tapa era una especie de servicio extra que se prestaba sin ningún coste, para preservar el buen estado de la bebida.

A día de hoy, es posible encontrar toda clase de tapas en los bares y cafeterías y por supuesto, no todas ellas sirven para tapar el vaso. El uso de la tapa se ha extendido tanto en España y la elaboración de las mismas ha llegado a ser tan importante, que es posible ir a comer directamente, tan solo con estas tapas.